Translate

sábado, 27 de mayo de 2023

 


Resiliencia en la educación y en la vida

Jesús C. Guillén

16 de mayo

Escuela con cerebro


Todo se le puede arrebatar a un hombre excepto una cosa, la última de las libertades humanas: elegir nuestra actitud ante cualquier circunstancia, elegir nuestro propio camino.

Víctor frankl

Tradicionalmente, la resiliencia se ha definido cono la capacidad que tenemos para soportar la frustración y para superar las adversidades que nos plantea la vida saliendo fortalecidos de ellas (Métais et al. 2022). O como dice Boris Cyrulnik, un prestigioso neurólogo y psiquiatra que huyó de un campo de concentración nazi a los seis años de edad y que popularizó el término, la resiliencia es “Iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma” (ver video).

La resiliencia consiste en un aprendizaje que puede darse durante toda la vida y, más allá de los condicionamientos genéticos y las particularidades de cada persona, todos podemos aprender a ser resilientes.

El cerebro resiliente

Investigaciones recientes han comenzado a identificar los mecanismos ambientales, genéticos, epigenéticos y neurales que subyacen a la resiliencia, y han demostrado que la resiliencia está mediada por cambios adaptativos en varios circuitos neurales que involucran numerosos neurotransmisores y vías moleculares. Las alteraciones en sus funciones determinan la variabilidad individual en la resiliencia al estrés. Todos experimentamos sucesos estresantes durante la vida. En algunos casos, el estrés agudo o crónico conduce a la depresión y otros trastornos psiquiátricos, pero la mayoría de las personas son resistentes a tales efectos.

Nuestro cerebro está conformado por redes neurales dinámicas que pueden reorganizarse a través de los mecanismos de neuroplasticidad que constituyen el sustrato de la resiliencia. Por ejemplo, las personas resilientes muestran una mayor activación de la corteza prefrontal ventromedial y un incremento en la conectividad (más sustancia blanca) con regiones del sistema límbico, como la amígdala y el hipocampo. Estas conexiones son importantes para afrontar la adversidad, controlar la ansiedad y el miedo y, en general, para la gestión emocional (Pascual-Leone y Bartres-Faz, 2021). Recordemos que la corteza prefrontal es crítica para el buen funcionamiento ejecutivo de nuestro cerebro, la amígdala interviene en el procesamiento emocional y el hipocampo es imprescindible para el almacenamiento de la memoria explícita. En concreto, la corteza prefrontal ventromedial interviene en la toma de decisiones con contenido emocional.

Los estudios con neuroimágenes han identificado regiones del cerebro que muestran patrones específicos de actividad y conectividad antes, durante y tras la exposición de estímulos estresantes que pueden predecir la forma de afrontar las situaciones adversas (Roeckner et al., 2021; ver figura 1).

Figura 1. Los factores de resiliencia previos al trauma incluyen, entre otros, un mayor volumen y activación de la corteza prefrontal ventromedial (vmPFC) e hipocampo, y una menor activación de la amígdala y la parte dorsal de la corteza cingulada anterior (dACC). En el transcurso de la recuperación, la reactividad funcional en la amígdala, la ínsula y la dACC disminuyen o regresan a los niveles previos al trauma. La conectividad entre la amígdala y la vmPFC, la ínsula o el tálamo también vuelven a los niveles de referencia. Los aumentos estructurales en las regiones frontales y el tálamo también están relacionados con la recuperación, junto a una mayor activación de regiones que intervienen en la gestión emocional, como la vmPFC y el hipocampo (Roeckner et al., 2021).

La capacidad funcional de las estructuras cerebrales que están involucradas en los circuitos integrados que afectan a los estados emocionales determina la resistencia al estrés y, a su vez, se refleja en la psicología de la persona (Feder, 2009). Sin embargo, no se comprende completamente cómo los factores neurobiológicos y psicosociales se influyen mutuamente para producir la resiliencia. Se cree que un funcionamiento más adaptativo del miedo, la recompensa, la regulación de las emociones o los circuitos del comportamiento social subyace en la capacidad de un individuo resistente para enfrentar los miedos, experimentar emociones positivas, buscar formas positivas de replantear eventos estresantes y obtener beneficios de las amistades que le apoyan. Por lo tanto, la resiliencia es un proceso activo, no solo la ausencia de patología, y puede promoverse potenciando los factores protectores.

La resiliencia es también un factor crucial en la salud, en el bienestar individual y comunitario y, tal como analizaremos luego, como habilidad puede ser influenciada a través de la educación (Ungar et al., 2014).

Resiliencia en la educación

La resiliencia suele conceptualizarse como un factor o rasgo relativamente estable, como un proceso o procesos que se ponen en práctica ante la adversidad, o como un resultado (Troy et al., 2023). Seguramente todo influya y la resiliencia se manifieste como un continuo que se presenta de forma particular en las diferentes situaciones que tengamos que afrontar en la vida cotidiana (ver figura 2). En la práctica, más allá de los condicionamientos genéticos que pueden afectar parcialmente (rasgo biológico o de personalidad), la resiliencia también es una habilidad que puede entrenarse a través de intervenciones educativas y cambiar con el tiempo en función del desarrollo y la interacción con el entorno.

Figura 2. Enfoque conceptual de la resiliencia psicológica (Troy et al., 2023). Las dos líneas representan dos trayectorias prototípicas: la verde que conduce a una salud psicológica mejor de lo esperado (resiliencia) y la roja que conduce a una salud psicológica peor de lo esperado (ausencia de resiliencia). El eje x representa el tiempo relativo al inicio de la adversidad, indicando antes y después de la adversidad. El eje y representa la salud psicológica (es decir, la resiliencia). Los fondos en verde y rojo indican que las personas pertenecen a un continuo de resiliencia en lugar de a tipos discretos. El fondo gris indica la compensación gradual de la exposición a la adversidad.

Tal como nos confirmó la pandemia, las frustraciones son inevitables, pero hay que aprender a superarlas. Por eso, desde la perspectiva educativa, cultivar la resiliencia en el alumnado se nos antoja un aprendizaje esencial. Cualquier oportunidad, en cualquier etapa educativa y en cualquier materia, es válida para impulsar este proceso. Las personas con mayor resiliencia tendrán más facilidades para superar las dificultades y aprender de los errores y ello beneficiará su aprendizaje.  En este sentido, un metanálisis de 49 estudios diferentes sugiere que el uso de intervenciones universales centradas en la resiliencia es más prometedor en la reducción a corto plazo de los síntomas depresivos y de ansiedad en niños y adolescentes, especialmente si se utiliza un enfoque basado en la terapia cognitivo-conductual (Dray et al., 2017). En concreto, los programas que se centran en promover la resiliencia y las habilidades de afrontamiento tienen un impacto positivo en la capacidad de los estudiantes para manejar los factores estresantes diarios (Fenwick-Smith et al., 2018)

Una educación orientada a mejorar la resiliencia es flexible, presta más atención a las virtudes del estudiante, genera un entorno en el que se siente respetado, apoyado y querido, fomenta su autonomía y crea un marco creativo en el que se asume con naturalidad el error y en el que el humor es valorado. Sin olvidar el papel destacado de la familia, que establece normas y límites adecuados (Grané y Forés, 2020; ver video). Tal como mencionamos antes, debemos entender la resiliencia como un proceso dinámico de adaptación que puede ser entrenado, es decir, todos podemos aprender a ser más resilientes, más allá de los condicionantes individuales vinculados a situaciones personales, familiares, sociales o profesionales, por ejemplo.

Asumiendo que la gestión de la crisis ha de adaptarse a las circunstancias y posibilidades propias de la persona, a continuación, analizamos algunas características concretas (personales y sociales), muchas directamente relacionados entre sí, que pueden ayudarnos a fortalecer la resiliencia, lo cual es imprescindible en la escuela y en la vida (ver, por ejemplo, Chmitorz et al., 2018; Dahl et al., 2020; Feder et al., 2009; Wu et al., 2013).

Optimismo

Ya hace algunos años, los estudios de Martin Seligman demostraron que el problema básico que subyace en la depresión de muchos niños y en su bajo rendimiento radica en el pesimismo. Las creencias que los propios niños tenían sobre la permanencia de los acontecimientos negativos, junto con la aparición de adversidades en sus vidas, representaban factores significativos de riesgo para sufrir una depresión y el consiguiente fracaso académico.

Las emociones positivas nos ayudan a combatir el estrés (a través de las vías mesolímbicas de la dopamina) recuperándonos antes de las adversidades. Y están asociadas a una mejor salud global (Alexander et al., 2021). Las personas optimistas (nos referimos a un optimismo realista) utilizan más estrategias proactivas, muestran un mayor bienestar subjetivo y tienden a generar conexiones sociales más amplias y satisfactorias que las personas pesimistas (Carver et al., 2010). Todo ello tiene un gran impacto en el desarrollo de la resiliencia.

El “optimismo aprendido” que nos permite reconocer y reinterpretar los pensamientos negativos (ver apartado siguiente) está vinculado al desarrollo de la flexibilidad cognitiva, una función ejecutiva básica que se trabaja en el contexto del aula cuando, por ejemplo, utilizamos analogías y metáforas, planteamos problemas abiertos, permitimos diferentes opciones para la toma de decisiones o asumimos con naturalidad el error en el proceso de aprendizaje.

Reevaluación cognitiva

La reevaluación cognitiva nos permite replantear o reformular aquello que desencadena una experiencia emocional, y reaccionar en función de esa nueva interpretación. Primero analizamos lo que desencadena esa experiencia emocional y luego buscamos una nueva forma de verla. Es clave identificar los errores en el pensamiento que dan lugar a creencias limitantes, cuestionarlos y combatir la evitación de situaciones problemáticas que provocaron los sentimientos anteriores. Esto ayuda a diferenciar entre las causas internas de las externas.

Las personas resilientes utilizan esta técnica mejor o con más frecuencia. Pensemos, por ejemplo, en un estudiante que suspende una asignatura. Puede interpretar que no es inteligente y que no podrá aprobar la materia en el futuro. En lugar de considerar el error como consistente y representativo del trabajo que hace, la reevaluación cognitiva le enseña a contemplar la posibilidad de haber cometido el error porque ha dormido mal esa noche, porque tuvo un mal día o, simplemente, porque todos cometemos errores. Este tipo de entrenamiento que hace participar directamente a la corteza prefrontal da como resultado un incremento de la inhibición prefrontal sobre la amígdala (Buhle et al., 2014), que es un patrón de actividad cerebral característico de la resiliencia.

Estrategias proactivas

Aun cuando es imposible evitar completamente el futuro, podemos anticiparlo y cambiarlo. Enfrentar los miedos promueve estrategias activas de afrontamiento, como la planificación y la resolución de problemas, funciones ejecutivas de orden superior que contribuyen a una mayor resiliencia (Ellis et al., 2017). Pensemos, por ejemplo, en la presentación oral de un trabajo que colma de inseguridad al estudiante. Si visualiza una gran variedad de posibles objeciones que se le pueden plantear podrá planificar una exposición bien estructurada que le ayude a combatir su inseguridad.

Se ha demostrado que la exposición cotidiana a agentes estresantes leves en la infancia mejora nuestra capacidad futura para regular las emociones y nos concede una resiliencia que podemos aprovechar durante toda la vida. Sin embargo, la exposición a un estrés extremo o prolongado produce el efecto contrario: induce la hiperactividad del eje HHA (eje hipotalámico-hipofisario-adrenal) y una vulnerabilidad de por vida al estrés (Dhabhar, 2014). Las personas resilientes no sufren más, sino que gestionan su dolor de forma constructiva. Afrontan el estrés y buscan una salida a la situación de manera activa. En el caso de la resiliencia ocurre algo parecido a lo que pasa con el sistema inmunitario, debemos estar expuestos a los ataques para desarrollar la resistencia necesaria.

Ejercicio físico

En los últimos años se han producido grandes avances en la comprensión de los mecanismos moleculares y celulares responsables de la incidencia positiva del ejercicio físico (que puede verse como una forma de afrontamiento activo) sobre el cerebro. En concreto, los niveles de la molécula BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) aumentan con la actividad física y esta proteína es muy importante porque mejora la plasticidad sináptica, aumenta la neurogénesis en el hipocampo e incrementa la vascularización cerebral. Pues bien, el cerebro de las personas resilientes produce más BDNF, mientras que los pacientes depresivos presentan menores niveles de BDNF en sangre que las personas sanas. Un número creciente de estudios han demostrado que el ejercicio no solo recupera o minimiza los déficits cognitivos al inducir una mejor neuroplasticidad y reserva cognitiva, sino que también contrarresta la patología cerebral (Arida y Teixeira-Machado, 2021; ver figura 3).

En general, las personas que llevan un estilo de vida activo y saludable (importante también la alimentación) son más resilientes, combaten mejor el estrés, tienen mejor humor e incrementan las posibilidades para establecer buenas relaciones con otras personas. En la práctica, salir a correr unos minutos puede producir los mismos efectos que una pequeña dosis de los fármacos Concerta o Prozac, pero provocando un mayor equilibrio entre neurotransmisores y, por supuesto, de forma más natural y saludable.

Figura 3. El ejercicio influye positivamente en la reserva cognitiva a través de múltiples vías, protegiendo contra las consecuencias de eventos estresantes, mejorando la salud y reduciendo el riesgo de enfermedades crónicas (Arida y Teixeira-Machado, 2021).

Relaciones sociales

El vínculo y las habilidades sociales promueven la resiliencia en la infancia y la adultez. Los estudios con neuroimágenes han revelado que durante la cooperación se activan regiones del sistema de recompensa cerebral, como el núcleo accumbens, o la corteza prefrontal ventromedial (Gangopadhyay et al., 2021).

La liberación de dopamina refuerza el deseo de continuar la interacción, y ello genera más altruismo y permite aplazar la recompensa de los participantes que cooperan en los estudios. Este vínculo entre lo social y lo emocional se ha identificado en las personas más resilientes pues, en promedio, son más empáticas y muestran actitudes más prosociales y altruistas. Cuando compartimos con los demás estimulamos la liberación de la hormona oxitocina en el hipotálamo que reduce la respuesta del sistema nervioso simpático al estrés, entre otros múltiples beneficios  (Insel, 2010).

En general, la superación de una adversidad requiere el encuentro con una persona significativa. Nuestro cerebro es social y la promoción de la resiliencia es una tarea colectiva. Y qué mejor forma de hacerlo que mediante el aprendizaje-servicio (ApS), una propuesta educativa que consiste en aprender haciendo un servicio a la comunidad.

Por otra parte, el aislamiento social no deseado es un gran factor de estrés, perjudicando el funcionamiento adecuado de regiones como la corteza prefrontal y la amígdala que regulan el eje HHA. El apoyo social es importante para cultivar la resiliencia y puede ayudar a combatir la depresión (Cano et al., 2020; ver figura 4).

Figura 4. El apoyo social actúa como moderador en la asociación entre la resiliencia y los síntomas depresivos (Cano et al., 2020).

Humor

Cuando somos capaces de relativizar las situaciones con sentido del humor, mejora nuestro bienestar. Aunque es difícil demostrar que el humor tiene beneficios terapéuticos, sí podemos afirmar que mejora la resiliencia de las personas y ayuda a disfrutar más de la vida. Según el investigador Stefan Vanistendael, especializado en el estudio de la resiliencia, “el humor es la capacidad de conservar la sonrisa ante la adversidad”. Seguramente, el humor se desarrolló como un mecanismo de regulación emocional necesario para afrontar unas relaciones sociales cada vez más complejas. Pero lo que está claro es que las personas que contrarrestan el estrés con humor obtienen beneficios físicos, cognitivos y emocionales, y que, cuando sonreímos, nos sentimos bien porque activamos el sistema de recompensa cerebral (Vrticka et al ., 2013)

En un interesante estudio en el que participaron adolescentes se comprobaron los beneficios socioemocionales del humor, facilitando el vínculo con amigos y familiares y siendo un factor protector en situaciones de riesgo sociales (Cameron et al., 2010). En lo referente a la etapa de educación infantil, también se han identificado los beneficios de la dimensión social del humor. Estudiantes de tres años se reían ocho veces más en compañía que solos cuando veían unos dibujos animados (Addyman et al., 2018).

Consciencia

La práctica continuada del mindfulness nos ayuda a debilitar la cadena de pensamientos que nos mantiene obsesionados sobre un contratiempo y hace que esta obsesión remita. Los estudios con neuroimágenes han demostrado que el mindfulness refuerza las conexiones entre la corteza prefrontal y la amígdala facilitando los recursos mentales para parar la espiral de pensamientos negativos generados (“He vuelto a suspender”, “No se me dan bien las matemáticas”, “No podré ir a la universidad”) que pueden aparecer ante la adversidad (Tang, Hölzel y Posner, 2015; ver figura 5).

Intervenciones específicas basadas en el mindfulness mejoran la resiliencia de estudiantes -incluso universitarios- y les ayudan a combatir el estrés generado por los exámenes (Galante et al., 2018). La evaluación de programas de aprendizaje socioemocional como MindUp en los que cada unidad incorpora prácticas de mindfulness en la infancia, ha demostrado una mejora de la capacidad cognitiva de los estudiantes, que va acompañada de otra no menos importante asociada a habilidades socioemocionales como el autocontrol, la respuesta al estrés, la empatía o las relaciones entre compañeros (Bockmann y Yu, 2023). Todo ello es básico en el desarrollo de la resiliencia.

Figura 5. Regiones del cerebro implicadas en el mindfulness que intervienen en el control de la atención (la corteza cingulada anterior y el cuerpo estriado), la regulación emocional (múltiples regiones prefrontales, regiones límbicas y el cuerpo estriado) y la autoconciencia (la ínsula, la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada posterior y el precúneo).

Propósito

La sensación de propósito y de sentido de la vida permite a las personas afrontar más adecuadamente los retos cotidianos, reformulándolos de una forma que favorece la recuperación.  A su vez, una mayor capacidad para recuperarse de eventos negativos puede permitirnos lograr o mantener un sentimiento de mayor propósito en la vida a lo largo del tiempo (Schaefer et al., 2013). Las personas resilientes poseen un “sentido de coherencia”, una característica psicológica que define una orientación vital básica que permite encontrar un sentido a lo que se vive. Las personas con un sentido de coherencia hallan una explicación para la crisis o los avatares del destino y creen que poseen suficientes recursos (personales, sociales, económicos, etc.) para afrontarlos y superarlos utilizándolos de forma más eficiente.  Junto a esto, la investigación indica que es muy importante que el propósito personal trascienda: los planes vitales orientados a ayudar a otras personas tienen un impacto más beneficioso sobre la salud que los dirigidos a uno mismo (Van Den Broeck et al., 2019).

Stefan Vanistendael creó La Casita de la Resiliencia, un modelo cualitativo de elementos de resiliencia como la aceptación de la persona, la búsqueda de sentido o el humor constructivo (ver figura 6). Se trata de una pequeña casa con varios pisos y habitaciones que hacen referencia a posibles campos de intervención para la construcción o mantenimiento de la resiliencia. Por un lado, se buscan cosas generalizables (cada habitación de la casita) y, por otra parte, se han de personalizar las intervenciones (lo que se hace dentro de la habitación). La Casita puede utilizarse como un instrumento de trabajo que puede adaptarse a las necesidades específicas de cada estudiante.

Figura 6. La Casita de la Resiliencia de Vanistendael (2018).

La escuela que se impregna de esperanza, alegría, altruismo o creatividad repercute positivamente en el proceso de formación de personas íntegras y felices. Anna Forés y Jordi Grané lo resumen muy bien: “La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir”. Una puerta abierta a la esperanza que huye de determinismos y que posibilita el cambio. No somos responsables de los problemas que nos surgen, pero sí de cómo los afrontamos.

Jesús C. Guillén


Referencias:

    1. Addyman, C. et al. (2018). Facilitación social de la risa y la sonrisa en niños preescolares. Fronteras en Psicología , 1048.

    2. Alejandro, R. et al. (2021). La neurociencia de las emociones positivas y el afecto: Implicaciones para cultivar la felicidad y el bienestar. Revisiones de neurociencia y biocomportamiento ,  121 , 220-249.

    3. Arida, RM, y Teixeira-Machado, L. (2021). La contribución del ejercicio físico a la resiliencia cerebral. Fronteras en la neurociencia del comportamiento , 279.

    4. Bockmann, JO, y Yu, SY (2023). Uso de intervenciones basadas en la atención plena para apoyar la autorregulación en niños pequeños: una revisión de la literatura. Revista de educación de la primera infancia ,  51 (4), 693-703.

    5. Buhle, JT et al. (2014). Reevaluación cognitiva de la emoción: un metanálisis de estudios de neuroimagen humana. Corteza cerebral ,  24 (11), 2981-2990.

    6. Cameron, EL et al. (2010). Los jóvenes resilientes usan el humor para mejorar el funcionamiento socioemocional durante un día en la vida. Revista de Investigación de Adolescentes ,  25 (5), 716-742.

    7. Cano, M. Á. et al.   (2020). Síntomas depresivos y resiliencia entre adultos emergentes hispanos: Examinando los efectos moderadores de la atención plena, la tolerancia a la angustia, la regulación emocional, la cohesión familiar y el apoyo social. Medicina conductual ,  46 (3-4), 245-257.

    8. Chmitorz, A. et al. (2018). Estudios de intervención para fomentar la resiliencia: una revisión sistemática y una propuesta para un marco de resiliencia en futuros estudios de intervención. Revisión de psicología clínica, 59, 78-100.

    9. Dahl, CJ et al. (2020). La plasticidad del bienestar: un marco basado en la formación para el cultivo del florecimiento humano. PNAS , 117 (51), 32197-32206.

    10. Dhabhar , FS (2014). Efectos del estrés en la función inmunológica: lo bueno, lo malo y lo hermoso. Investigación inmunológica ,  58 , 193-210.

    11. Dray, J. et al. (2017). Revisión sistemática de intervenciones universales centradas en la resiliencia dirigidas a la salud mental de niños y adolescentes en el entorno escolar. Revista de la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente ,  56 (10), 813-824.

    12. Ellis, BJ y col. (2017). Más allá de los factores de riesgo y protección: un enfoque de resiliencia basado en la adaptación. Perspectivas sobre la ciencia psicológica ,  12 (4), 561-587.

    13. Fenwick-Smith, A. et al. (2018). Revisión sistemática de los programas universales de promoción de la salud mental basados ​​en la escuela primaria que mejoran la resiliencia. Psicología BMC ,  6 , 1-17.

    14. Galante, J. et al. (2018). Una intervención basada en la atención plena para aumentar la resiliencia al estrés en estudiantes universitarios (el Estudio de estudiantes conscientes): un ensayo controlado aleatorio pragmático. The Lancet Public Health ,  3 (2), e72-e81.

    15. Gangopadhyay, P. et al . (2021). Circuitos prefrontal-amígdala en la toma de decisiones sociales. Nature Neuroscience ,  24 (1), 5-18.

    16. Insel, TR (2010). El desafío de la traducción en la neurociencia social: una revisión de la oxitocina, la vasopresina y el comportamiento afiliativo. Neurona ,  65 (6), 768-779.

    17. Métais, C. et al. (2022). Revisión integradora de la literatura reciente sobre resiliencia humana: de conceptos, teorías y discusiones hacia una comprensión compleja. Revista Europea de Psicología ,  18 (1), 98.

    18. Feder, A. et al. (2009). Psicobiología y genética molecular de la resiliencia. Nature Reviews Neuroscience, 10, 446–457.

    19. Grané, J., Forés, A. (2020). Hagamos que sus vidas sean extraordinarias: 12 acciones para generar resiliencia desde la educación. Octaedro.

    20. Pascual-Leone, A., Bartres-Faz, D. (2021). Resiliencia del cerebro humano: una llamada a la acción. Anales de Neurología,  90 (3), 336-349.

    21. Roeckner, AR et al. (2021). Contribuyentes neurales a la resiliencia al trauma: una revisión de estudios longitudinales de neuroimagen. Psiquiatría traslacional ,  11 (1), 508.

    22. Schaefer , SM et al. (2013). El propósito en la vida predice una mejor recuperación emocional ante estímulos negativos. PloS uno ,  8 (11), e80329.

    23. Tang, YY, Hölzel, BK, y Posner, MI (2015). La neurociencia de la meditación mindfulness. Nature Reviews Neuroscience ,  16 (4), 213-225.

    24. Troy, AS et al.   (2023). Resiliencia psicológica: un marco de regulación del afecto. Revisión anual de psicología ,  74 , 547-576.

    25. Ungar, M. et al. (2014). Intervenciones basadas en la escuela para mejorar la resiliencia de los estudiantes. Revista de Psicología Educativa y del Desarrollo ,  4 (1), 66.

    26. Van Den Broeck, A. et al. (2019). Quiero ser multimillonario: ¿Cómo influyen los valores extrínsecos e intrínsecos en el bienestar de los jóvenes? Los ANALES de la Academia Estadounidense de Ciencias Políticas y Sociales ,  682 (1), 204-219.

    27. Vanistendael, S. (2018). Hacia la puesta en práctica de la resiliencia. La casita: una herramienta sencilla para un desafío complejo. BICE.

    28. Vrticka, P., Black, JM, y Reiss, AL (2013). La base neural del procesamiento del humor. Nature Reviews Neuroscience ,  14 (12), 860-868.

    29. Wu, G. et al. (2013). Entendiendo la resiliencia. Fronteras en la neurociencia del comportamiento, 7 (10).

    miércoles, 5 de abril de 2023

     

    Learnability





                                     Artículo de José Antonio Marina  sobre este tema

                                        





    Revolución de habilidades

    Vídeo referido a la revolución de habilidades en el mundo laboral. 

    Se `propone "learnability" como la habilidad fundamental














    miércoles, 15 de marzo de 2023



    Método Vaughan para aprender inglés






    (El Confidencial)                 


    Metodología de los profesores

    El método Vaughan, diseñado por Richard Vaughan hace ya más de 40 años, es un método donde el profesor es el elemento clave para aprender el idioma. Por eso, desde Vaughan, se invierte todos los esfuerzos en encontrar el mejor talento y disponer de los mejores profesores. En clase, no hablarás en español, está estrictamente prohibido.

    Siguiendo este método, un profesor Vaughan:

    • Corregirá cada error que cometa el alumno: fundamental para ganar habilidad con el idioma.
    • Fomentará el trabajo fuera de clase: evitando dedicar tiempo en clase a cosas que se pueden hacer fuera.
    • Pondrá énfasis en la agilidad oral: mediante clases dinámicas e interactivas donde el alumno es el protagonista.
    • Realizará diferentes actividades: dividiendo las clases en varios bloques de acción para así permitir que el nivel de atención y energía de los alumnos se mantengan altos.
    • Aportará con enfoque didáctico: haciendo hincapié en el uso del idioma en lugar de darle un enfoque puramente teórico a las clases. La mejor forma de aprender una estructura gramatical es repitiéndola cientos de veces hasta que se automatice.
    • Trabajará y hará trabajar duro en clase: El método Vaughan requiere trabajo duro y los profesores exigen plena dedicación al idioma. Todo depende del alumno.

     





           


         


















    domingo, 3 de julio de 2022







    Bachilerato Internacional (2)

    El Bachillerato Internacional es un proyecto educativo que , a mi entender, reúne valiosas aportaciones a nivel didáctico, ético, político...A fecha de Mayo de 2025 se imparte en 3.241 centros de 153 paises con 128.398 estudiantes matriculados.






    Declaración de principios del Bachillerato Internacional



    El Bachillerato Internacional (B.I.) tiene como meta formar jóvenes solidarios, informados y ávidos de conocimiento, capaces de contribuir a crear un mundo mejor y más pacífico, en el marco del entendimiento mutuo y el respeto intercultural.

    En pos de este objetivo, la organización colabora con establecimientos escolares, gobiernos y organizaciones internacionales para crear y desarrollar programas de educación internacional exigentes y métodos de evaluación rigurosos.

    Estos programas alientan a estudiantes del mundo entero a adoptar una actitud activa de aprendizaje durante toda su vida, a ser compasivos y a entender que otras personas, con sus diferencias, también pueden estar en lo cierto.



















    Aumento del número de centros desde su fundación




    Contenidos centrales


    La teoría del conocimiento TdC.
    - Un curso interdisciplinar que estimula una  reflexión crítica sobre el conocimiento y la experiencia.
    - Los estudiantes investigan los fundamentos de orden moral, político y estético de los juicios cotidianos.
    El alumno tiene que:
    - Cuestionar las bases del conocimiento.
    - Conocer distintas tradiciones culturales.
    - Desarrollar hábitos de reflexión y un pensamiento crítico.
    La monografía es un trabajo de investigación de 4000 palabras.
    - Organizado  por el alumno y supervisado por un profesor.
    - Permite al alumno profundizar en un tema de su interés.
    - Aporta una gran preparación para sus estudios universitarios.
    Desarrolla las capacidades de analizar y sintetizar.
    Creatividad, actividad y servicio (CAS).
    Cien horas de actividades extracurriculares a lo largo de los dos años.

    Los objetivos son:
    - Ayudar a los estudiantes a ser ciudadanos activos y responsables.
    - Considerar la vida fuera del mundo académico.
    - Fomentar el trabajo en equipo.
    - Desarrollar en los estudiantes una mayor confianza y conciencia de si mismos.













    sábado, 19 de febrero de 2022

     


    Enseñando "Física y Química " en el siglo XXI




     

    Antonio Pérez, Profesor de Física y Química del IES Sierra Luna (Los Barrios, Cádiz)


    Ha sido nominado como mejor docente de España en la etapa de Educación Secundaria en los Premios "Educa Abanca" en la edición de 2021. Estos Premios buscan mejorar la visibilidad de la buena práctica docente entre la sociedad.


    Se adjunta entrevista realizada en "EL Mundo" por Silvia Moreno (15/2/2022)


    "A final de este mes, recoge el galardón como mejor profesor de Educación Secundaria y Bachillerato en los premios Abanca. ¿Cuál es su secreto?

    El secreto es que te guste lo que haces: dar clase, estar con los niños y trabajar. Se me reconoce por cosas que hago fuera del horario escolar, como los vídeos que cuelgo en YouTube. Lo aplico con mis alumnos en clase, pero lo preparo en mi tiempo libre.

    Da clases de Física y Química, una asignatura que no goza de muy buena fama entre los alumnos.

    Sí. Junto con Matemáticas, son las dos asignaturas que menos le gusta a la mayoría de los alumnos. Son duras.

    Con asignaturas así es más difícil conectar con los chavales, pero usted les habla en su lenguaje.

    Sí, empecé con mi canal de YouTube hace ocho años. Va sobre experimentos que hacen los alumnos, no sólo de Física y Química, sino de Ingeniería, Biología... Eligen el material, buscan la explicación científica, lo graban, lo editan y lo subimos al canal. Eso es ya una inyección de motivación impresionante para ellos. Ya por ahí los enganchas.

    ¿Los métodos tradicionales ya no funcionan en el aula?

    Es que no funcionan desde hace siglos, diría yo. Cuando yo estudié, la metodología tradicional es lo que había y, como había un respeto por los docentes, no protestabas mucho. Pero el alumnado del siglo XXI está acostumbrado a moverse en las redes, en canales de vídeos, dicen lo que piensan, lo que les gusta y lo que no. La metodología tradicional ya no vale con ellos. ¿A ti te gustaría que te operase un cirujano del siglo XVIII? Es lo que estamos haciendo en la educación. La metodología que se imparte, en un porcentaje muy alto, es la clase magistral, donde el profe explica y manda ejercicios. En Secundaria, seis horas consecutivas, una y otra vez, con la misma metodología, los propios alumnos dicen que desconectan a la segunda o tercera hora. Tienes que aplicar metodologías innovadoras, en las que el alumno sea realmente el protagonista del aprendizaje. De clases magistrales, nada. Hace años que no las doy.

    ¿Cuántos años lleva dando clases?

    Unos 25 años. En Secundaria, empecé como todos, con las clases magistrales, pero desde el principio introduje cambios porque veía que llegabas a enganchar a un porcentaje de alumnos, pero había otro que no. El primer cambio gordo fue aplicar el aprendizaje basado en proyectos. Fue hace ocho cursos y, como fue muy bien, empecé hace cuatro años con el aula invertida, con los canales de vídeo. Y también fue muy bien.

    ¿Cómo es su día a día en el aula?

    A los chavales les pongo un vídeo que tengo subido en el canal de YouTube Antonioprofe que deben ver en casa. Dura unos diez minutos. En clase, vemos qué dudas tienen y, en grupo, intento que las resuelvan entre ellos. Luego, empiezan con los ejercicios. En el aula hacemos esto o charlamos. Si hay un tema de actualidad u otro como las drogas. Hablamos sobre la química de las drogas, los efectos que tienen...

    Un tema que a ellos les interesa, pero llevan su ración de Química...

    Sí, Química, y también los educas en valores... Otro día, hablamos de satélites, con la electrólisis, discutimos sobre cómo funciona el coche de hidrógeno, la pila de combustible, Tesla, los modelos de vehículos que a ellos les gustan... Quieres que aprendan Química y les llega porque se crea un ambiente en el que le vas metiendo conceptos de la asignatura en medio de otras cosas. Y se les queda, que es lo importante.

    Claro, porque habrá quien se pregunte, ¿pero los alumnos aprenden Física y Química?

    Los compañeros me decían que estaba loco porque los de Segundo de Bachillerato tienen que hacer la Selectividad y el método que aplico es el mismo. Me advertían que no me iba a dar tiempo de dar el temario, pero a mí me sobra un mes y me da tiempo de repasar. Mi alumnado cuenta con una media de entre un punto y dos por encima de la media andaluza en Selectividad.

    Y la tabla periódica de los elementos, ¿les obliga a memorizarla?

    Todos los compañeros que han pasado por mi instituto les obligan a aprendérsela, yo no. Les dejo la tabla. Solo a mitad de Segundo de Bachillerato se las quito porque en Selectividad no la van a tener. Los últimos seis meses no están con ella, pero la han trabajado durante tanto tiempo que se la saben sin darse. Y no han tenido que dedicar horas y horas a memorizar algo que no tiene sentido.

    Para muchos, este primer contacto con la asignatura para aprenderse la tabla de elementos les hace huir despavoridos.

    Es que ni en la Facultad de Química obligan a aprendérsela. Al final, te la sabes, pero nadie te dice que te la tienes que aprender. Por eso, veo ilógico que se les obligue en los institutos. No tiene ningún sentido.

    ¿Qué debe hacer antes un profesor enseñar o motivar?

    Primero, motivar, y luego saber transmitir y ser un comunicador. No hay que ser un genio de la Física, las Matemáticas o la Química porque lo que vas a explicar es muy básico.

    Pero hay algunos profesores anquilosados en las formas tradiciones.

    No son algunos, son la mayoría. Aplicar metodologías innovadoras requiere una formación que actualmente es deficiente. Los profesores de instituto son ingenieros, matemáticos, químicos... y no han dado ni una sola asignatura durante su formación para ser profes. Y luego, dan un máster durante un año, que tampoco está bien pensado, y en un año ya sabes todo lo que debes saber para ser docente, y que va, que va... años luz les queda por aprender. El máster debía durar dos años, quizá, con uno entero de prácticas.

    ¿Habría que enfocar, entonces, de otra manera la carrera de los docentes?

    Claro. Cuando yo estudié en Granada, había una especialidad en Matemáticas que se llamaba Didáctica de las Matemáticas. Son licenciados en esta materia, especialistas en enseñar Matemáticas. Eso debería existir en todas las titulaciones que pudieran acabar dando clases. Pero si en los institutos la metodología está anticuada, en la Universidad, apaga y vámonos. Puedes ser el mejor matemático del mundo, pero es que no tienes que serlo. Para dar clase en un instituto, tienes que ser el que mejor transmita lo que los niños tienen que aprender. Y ahí fallamos los docentes.

    Los profesores cuentan que quien se sale de la rutina acaba machacado por los padres o los directores de los centros.

    Es así. Si innovas, vas a tener problemas con el inspector o el director de tu centro, aunque a mí no me ha pasado y me han apoyado. También con los padres. Una vez, un padre me dijo: 'puede usted hacer el favor de dar clase como Dios manda'. Pero, cuando ven los resultados, la cosa cambia: 'siga, siga usted'.

    La burocracia a la que deben hacer frente los profesores en los institutos tiene un difícil encaje con una manera de enseñar como la suya.

    La burocracia no tiene encaje en ninguna manera de enseñar. Es tal la cantidad de documentación que tenemos que rellenar, que hay compañeros que me dicen: 'o doy clase o relleno papeles'. Solo con preparar las clases, corregir exámenes, preparar actividades y revisar cuadernos te comes el tiempo del horario. Un tutor de Secundaria está enterrado en papeles y eso es un disparate y triste porque son papeles que no ve nadie. Hacemos educación preventiva, igual que los médicos hacen medicina preventiva para que no los denuncien. Papeles por si los pide el inspector, por si...

    Y luego hay alumnos con los que debe ser realmente complicado.

    Claro. El hecho de que utilices metodología innovadora no significa que todos tus alumnos vayan a trabajar mucho. A una madre, le expliqué que su hijo había suspendido porque, entre septiembre y febrero, solo había estudiado 21 minutos.

    Supongo que ese tiempo se le quedará registrado de los vídeos.

    Sí, con una aplicación que registra el tiempo que cada alumno pasa con los vídeos que subo al canal. Señora, su hijo no necesita adaptaciones, ni papeles, ni historias. Necesita estudiar. Se le demuestro y lo increíble es que esta persona te busca la excusa y cubre al niño. No te dice que le va a pedir que estudie más.

    ¿Alguna receta contra el fracaso escolar?

    Hay una idea muy bonita sobre el papel, pero no es real. No todos los niños tienen las mismas capacidades ni las mismas necesidades educativas. En el norte de Europa hay una Secundaria adaptada. Y algo más; si quieres dedicarte a algo tan importante como la educación, debes ser el mejor. Mejorarían las cifras si se seleccionara bien a los docentes.

    Y luego están las distintas leyes educativas que cada partido aprueba cuando está en el gobierno.

    Ocho leyes en cuarenta años; eso lo resume todo. Una ley educativa debe durar lo mismo que una generación: desde Infantil hasta la Universidad. Y así puedes decir si funciona o no. Las leyes educativas deberían ser aprobadas por 2/3 de la Cámara, no por mayoría. Así, la derecha y la izquierda se tendrían que sentar y negociar, y cuando llegara el otro al poder, no la cambiaría. No sería la ley del PSOE ni del PP, sino una ley en la que estemos a gusto todos. No hay ni un solo partido político que haya tenido la generosidad de hacer esto."